domingo, 15 de marzo de 2015

CUESTIÓN DE SINCERIDAD

Reflexión inspirada en el evangelio según san Juan 3, 14-21





“El que realiza la verdad se acerca a la luz”.

Se dice que el hombre actual no quiere oír hablar de Dios. En muchos casos, no es así. Quiere oír hablar de Dios, pero no con lenguaje insincero o con palabras faltas de verdad. No soporta un discurso religioso lleno de tópicos y frases hechas. Busca algo más que un Dios convencional. Y en esto tiene toda la razón.

Ante el misterio de Dios, la cuestión vital es la sinceridad. Mantenerse en la verdad, no engañarse a sí mismo y no engañar a los demás. León XIII solía decir que «Dios no necesita de nuestras mentiras». Ni Dios ni la Iglesia ni la fe pierden nada con la verdad. Al contrario, la verdad acerca a Dios.

Por eso, hemos de alegramos de algo que puede pasar desapercibido, pero que es enormemente positivo. El ateísmo moderno está obligando a los creyentes a purificar su imagen de Dios. Con sus objeciones y críticas, está apremiando a las Iglesias a una mayor sinceridad y verdad.

Cada vez tendrá menos sentido una apologética barata de la fe, que no tome en serio las dificultades reales que siente el hombre de hoy para creer. Cuando se busca sinceramente a Dios para uno mismo y para los demás, hay que renunciar a tópicos y soluciones simplistas. La fe permanece viva, seguramente más viva que nunca, pero hay fórmulas y esquemas que pueden tambalearse.

Por eso, la verdadera teología no es triunfalista, sino humilde. No trata de imponer a Dios a nadie. Solo rastrear los caminos que nos pueden acercar a él. Anunciar su misterio de amor insondable, y no las adherencias culturales que pueden ocultar su ternura hacia todo ser humano.

¿Qué verdad encierran los discursos de teólogos, maestros y predicadores, si no despiertan la alabanza al Creador, si no traen al mundo algún crecimiento en la amistad y el amor, si no hacen la vida más bella y luminosa, si no ayudan a vencer el pecado del desaliento existencial?

El malogrado teólogo húngaro, Ladislao Boros, solía recordar que la forma más temible de ateísmo que nos amenaza a todos es «el ateísmo de la insinceridad». Es cierto. Unos nos decimos creyentes y otros agnósticos, pero la verdad es que solo el que busca sinceramente está cerca de Dios. Unos y otros podemos dar pasos equivocados, pero al que busca la luz, Dios le sale al encuentro hasta en sus errores.

Bajo actitudes de autosuficiencia dogmática o de indiferencia agnóstica, se puede esconder con frecuencia una falta de coraje para acercarse con sinceridad al Dios vivo y verdadero. Por eso, todos deberíamos escuchar las palabras de Jesús: «El que realiza la verdad se acerca a la luz.»


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