sábado, 7 de marzo de 2015

Cuaresma, sábado, semana 2



 “El Dios que sufre por el amor tan inmenso que siente hacia sus hijos es el mismo Dios que es rico en bondad y misericordia... y que quiere revelar a sus hijos la riqueza de su gloria... 

El padre ni siquiera da al hijo la oportunidad de disculparse. Hace suya la súplica de su hijo perdonándole espontáneamente y dejando a un lado sus ruegos, como si no contaran nada en la luz de la alegría por su vuelta. 

Pero hay más. 

El padre no sólo le perdona sin pedirle ningún tipo de explicación y dándole la bienvenida a casa, sino que no puede esperar para darle una nueva vida, una vida de abundancia... 

Es tan fuerte el deseo de Dios de dar vida a su hijo recién llegado que parece estar impaciente”.




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