domingo, 13 de septiembre de 2015

¿QUÉ DICE LA GENTE?



Reflexión inspirada en el evangelio según san Marcos 8,27-35
¿Quién dice la gente que soy yo?

Acostumbrados desde niños a su figura, son muchos los cristianos que no sospechan el eco que la persona de Jesús ha encontrado a lo largo de los siglos en el corazón de los hombres. A veces se piensa que ese Jesús del que sólo han oído hablar en la Iglesia, apenas puede interesar fuera de ella. Hace veinte siglos, Jesús lanzó una pregunta provocadora: « ¿Quién dice la gente que soy yo?» Pensadores, poetas y científicos de toda clase han respondido a la cuestión de formas diferentes. Tiene su interés conocer algunos testimonios.

La filósofa francesa, Simone Weil, expresa así su convicción: «Antes de ser Cristo, es la verdad. Si nos desviamos de Él para ir hacia la verdad, no andaremos un gran trecho sin caer en sus brazos.» Mahatma Gandhi vivió impactado por las Bienaventuranzas de Jesús: «El mensaje de Jesús, tal como yo lo entiendo, está contenido en el sermón de la montaña. El espíritu de este sermón ejerce sobre mí casi la misma fascinación que la Bhagavadgita. Este sermón es el origen de mi afecto por Jesús.»

El científico Albert Einstein valoraba así el mensaje judeocristiano: «Si se separan del judaísmo los profetas y del cristianismo, tal como lo enseñó Jesucristo, todas las adiciones posteriores, en especial las del clero, nos quedaríamos con una doctrina capaz de curar a la humanidad de todos sus males.»

A. Gide ha pasado a la historia de la literatura como prototipo del renegado que rechaza su bautismo cristiano. Sin embargo, en sus escritos se pueden encontrar oraciones como ésta: «Yo vuelvo a ti, Señor Jesús, como al Dios del cual tú eres forma viva. Estoy cansado de mentir a mi corazón. Por todas partes te encuentro cuando creía huir de ti... Sé que no existe nadie más que tú, capaz de apagar mi corazón exigente.»

Para Hegel, «Jesucristo ha sido el quicio de la historia». F Mauriac confiesa: «Si no hubiera conocido a Cristo, Dios hubiera sido para mí una palabra inútil.» Otros, como el poeta argentino agnóstico, J. L. Borges, lo buscan: «No lo veo y seguiré buscándolo hasta el día último de mis pasos por la tierra.»

En el filósofo Soren Kierkegaard podemos leer esta preciosa oración: «Señor Jesús, tú no viniste para ser servido, ni tampoco para ser admirado o, simplemente, adorado. Tú has deseado, solamente, imitadores. Por eso, despiértanos, si estamos adormecidos en este engaño de querer admirarte o adorarte, en vez de imitarte y parecernos a ti.»


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