martes, 1 de septiembre de 2015

LA MAYOR HERENCIA


P. Marcos Buvinić Martinić

En estos días está sucediendo un acontecimiento que moviliza a miles de personas en toda la Patagonia, tanto chilena como argentina. Es la celebración de la Novena de Jesús Nazareno, en preparación a la fiesta y procesión que se realiza cada año el domingo 30 de agosto.

Quizás, para algunas personas esto no les diga mucho -o quizás nada-, este acontecimiento que para otros es algo que marca la vida y es un momento esperado año tras año en Caguach y en todo Chiloé, en Punta Arenas, en Puerto Natales, en Porvenir, en Puerto Montt, en Coyhaique, en Río Turbio, en Río Grande y en Río Gallegos.

Lo que sucede es que allí donde han llegado los migrantes provenientes de Chiloé han sido portadores de la mayor herencia de su cultura: el cariño profundo y religioso a Jesús Nazareno, como la fuente y savia vital del pueblo chilote.

De esta manera, los migrantes chilotes y sus descendientes han sido misioneros de una tradición que constituye su mayor herencia y el alma de su cultura. Es una tradición se remonta al mismo Señor Jesús y que es transmitida por los Evangelios, y que se asentó en Chiloé en 1778, cuando llegó la imagen de Jesús Nazareno a Caguach llevada por el misionero fray Hilario Martínez, haciendo la paz entre cinco pueblos que estaban seriamente enemistados (Caguach, Alao, Apiao, Tac y Chaulinec).

En el llamado “libro de fábrica” de la iglesia de Caguach se encuentra el acta firmada en mayo de 1778 por fray Hilario y los caciques de los cinco pueblos señalados, quienes se comprometen a convivir en paz y celebrar cada 30 de agosto la fiesta de Jesús Nazareno “hasta el fin de los siglos”, señala dicha acta.

Así, la unidad histórica del pueblo chilote y su cultura se constituyen en torno a Jesús Nazareno y su Evangelio. Se trata del alma de la cultura chilote marcada por la fe y vivida como un llamado permanente a la unidad en medio de todas las diferencias existentes entre las personas.
   
Esta es la mayor herencia del pueblo chilote y el alma de su cultura, que los esforzados migrantes han sabido compartir con otros e instalarla en los diversos lugares de la Patagonia donde llegaron en busca de nuevos horizontes para sus vidas y sus familias.

En Punta Arenas, muchos nos sentimos muy agradecidos que los migrantes chilotes y sus descendientes han compartido con nosotros esta herencia, invitándonos a ser un pueblo unido en torno a la persona del Señor Jesús Nazareno y su Evangelio.


27 de agosto de 2015

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